Prólogo
“No comprendo como con mi naturaleza fría y calculadora siendo un ser que no siente compasión y su necesidad hace que matar sea algo sin sentido solo una forma más de alimentarse. Aún siendo un ser que disfruta torturando, un ser tan despiadado y cruel… aún así me amas…
… no hay pérfidas pasiones (suponiendo que alguna pasión pueda ser pérfida); las pasiones más incontroladas, los escándalos más sonados y la improvisación más absoluta rubrican esta macabra y siniestra historia…”
… no hay pérfidas pasiones (suponiendo que alguna pasión pueda ser pérfida); las pasiones más incontroladas, los escándalos más sonados y la improvisación más absoluta rubrican esta macabra y siniestra historia…”
Dicen
que no hay ciudad más pasional, ni que embriague más, ni nada como la
nocturnidad que se desliza sobre las calles de Granada al atardecer, no hay
mayor deseo que el que despierta el carmesí bajo su cielo… ni en honor a sus
estrellas brillantes. Tanto en sus noches mas cálidas como en sus mas frías
noches… El candor y los destellos que desprende llegan por momentos a matar...
Jacinto iba mirando por la ventanilla del autobús como amanecía la ciudad y una nueva
mañana se podía imponer sobre otra noche oscura, iba absorto y concentrado en
el altísimo volumen de su música estridente, enfadado, imaginando que esas
calles granadinas tan céntricas y misteriosas se teñían de sangre por momentos…
Sus emociones eran tan negativas que su cabeza era una olla a presión de
pensamientos que lo asaltaban y asediaban por completo todo su ser alternando
su enorme cabreo con recuerdos y pensamientos de un “yo pasado” que de algún modo
quería enterrar para siempre…
Aquel día
su mal carácter estaba más que presente dado que estaba muy harto de todo
lo que le rodeaba y para colmo aquella noche tenía que asistir a la fiesta de
cumpleaños de un antiguo ligue suyo al que no tenia ningunas ganas de ver…
Una vez
fuera del autobús, comenzó a andar perdido en sus pensamientos, agresivos y
violentos, que acompañaban a su pulso acelerado. Tropezó, se ato los cordones
de su bota izquierda y siguió caminando pensando en que diferente seria el
mundo si no nos condenaran por matar, por sentir el placer de hacer daño…
pensando en que su destino era tan oscuro como su alma, pero lo que más deseaba
por encima de todo, era sentirse querido. Había luchado una y otra vez, frente
al mundo, y frente a el mismo… pero sus instintos más primarios bombeaban y emergían
aceleradamente y sin poder ponerle freno alguno.
Y fue allí,
paseando por los jardines del parque del triunfo, donde se dio cuenta de que en
efecto, sus sospechas eran ciertas, era diferente… Y no diferente en el aspecto
físico, si no diferente a todo lo que había conocido antes, a sus mediocres
compañeros de clase que se reían de él, a todas las personas tan variopintas
que llego a conocer en el colegio católico al que le obligaron a asistir…
diferente a la hora se sentir y gestionar sus emociones.
Tan
diferente que llego a tener miedo de sí mismo, de lo que podría llegar a hacer…
miedo de que su interior se desatara. Y así, dándole vueltas al revuelto de
sensaciones que estaba sintiendo en ese momento hervir por dentro, espero
pacientemente a la noche, siempre prefirió la noche al día, siempre se movió
por las sombras.
Unas
sombras que bajo el cielo poético granadino lo llevaría a desatar pasiones, a
derramar sangre e incluso a hacer un pacto con la propia muerte…
Hezerleid
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