lunes, 3 de octubre de 2016

Prólogo


“No comprendo como con mi naturaleza fría y calculadora siendo un ser que no siente compasión y su necesidad hace que matar sea algo sin sentido solo una forma más de alimentarse. Aún siendo un ser que disfruta torturando, un ser tan despiadado y cruel… aún así me amas…
… no hay pérfidas pasiones (suponiendo que alguna pasión pueda ser pérfida); las pasiones más incontroladas, los escándalos más sonados y la improvisación más absoluta rubrican esta macabra y siniestra historia…”



Dicen que no hay ciudad más pasional, ni que embriague más, ni nada como la nocturnidad que se desliza sobre las calles de Granada al atardecer, no hay mayor deseo que el que despierta el carmesí bajo su cielo… ni en honor a sus estrellas brillantes. Tanto en sus noches mas cálidas como en sus mas frías noches… El candor y los destellos que desprende llegan por momentos a matar...

Jacinto iba mirando por la ventanilla del autobús como amanecía la ciudad y una nueva mañana se podía imponer sobre otra noche oscura, iba absorto y concentrado en el altísimo volumen de su música estridente, enfadado, imaginando que esas calles granadinas tan céntricas y misteriosas se teñían de sangre por momentos… Sus emociones eran tan negativas que su cabeza era una olla a presión de pensamientos que lo asaltaban y asediaban por completo todo su ser alternando su enorme cabreo con recuerdos y pensamientos de un “yo pasado” que de algún modo quería enterrar para siempre…

Aquel día su mal carácter estaba más que presente dado que estaba muy harto de todo lo que le rodeaba y para colmo aquella noche tenía que asistir a la fiesta de cumpleaños de un antiguo ligue suyo al que no tenia ningunas ganas de ver…

Una vez fuera del autobús, comenzó a andar perdido en sus pensamientos, agresivos y violentos, que acompañaban a su pulso acelerado. Tropezó, se ato los cordones de su bota izquierda y siguió caminando pensando en que diferente seria el mundo si no nos condenaran por matar, por sentir el placer de hacer daño… pensando en que su destino era tan oscuro como su alma, pero lo que más deseaba por encima de todo, era sentirse querido. Había luchado una y otra vez, frente al mundo, y frente a el mismo… pero sus instintos más primarios bombeaban y emergían aceleradamente y sin poder ponerle freno alguno.

Y fue allí, paseando por los jardines del parque del triunfo, donde se dio cuenta de que en efecto, sus sospechas eran ciertas, era diferente… Y no diferente en el aspecto físico, si no diferente a todo lo que había conocido antes, a sus mediocres compañeros de clase que se reían de él, a todas las personas tan variopintas que llego a conocer en el colegio católico al que le obligaron a asistir… diferente a la hora se sentir y gestionar sus emociones.

Tan diferente que llego a tener miedo de sí mismo, de lo que podría llegar a hacer… miedo de que su interior se desatara. Y así, dándole vueltas al revuelto de sensaciones que estaba sintiendo en ese momento hervir por dentro, espero pacientemente a la noche, siempre prefirió la noche al día, siempre se movió por las sombras.

Unas sombras que bajo el cielo poético granadino lo llevaría a desatar pasiones, a derramar sangre e incluso a hacer un pacto con la propia muerte…

Hezerleid